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Martes 27 de octubre de 2026

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Economía

Reelección de Lula: las claves del impacto en la economía argentina

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva al frente de Brasil abre un escenario complejo para el gobierno de Javier Milei. El analista político, Julio Burdman, advirtió sobre los riesgos de una eventual inestabilidad macroeconómica brasileña para la Argentina.

Por Juan Salguero Simoy ·

La continuidad de Lula abre un abanico de nuevos desafíos para la economía argentina, que tiene como principal condicionante la tensa relación entre el reelecto presidente brasileño y Javier Milei. Brasil es uno de los principales socios comerciales de la Argentina y cuenta, entre otras virtudes, con un mercado basado en sus exportaciones industriales. Por ello, lo que ocurre al otro lado de la frontera no es una cuestión exclusivamente diplomática o institucional, sino que puede repercutir sobre la producción, el empleo, las inversiones y el ingreso de divisas.

La tensión entre ambos presidentes agrega incertidumbre a una relación económica que, por su importancia, necesita canales de diálogo estables. Milei ha expresado públicamente su enfrentamiento con Lula y apostaba a una victoria de la derecha brasileña. Sin embargo, más allá de las diferencias ideológicas, las empresas de ambos países mantienen intereses comerciales que exceden la disputa presidencial. En diálogo con POLITICAR, sobre el escenario brasileño, el analista político Julio Burdman resumió el panorama: “El tema político obviamente no va a estar bien, el presidente Milei, quien seguramente daba por sentado que ganaba Bolsonaro, estuvo dirigiéndose a Lula de una manera muy despectiva, y eso no es nuevo, después siempre lo que ocurre es que las cancillerías tratan de mitigar esos problemas que se producen a nivel presidencial, donde claramente Milei y Lula no se quieren”. La dificultad es que esa distancia política puede complicar la coordinación en un momento en que las decisiones económicas de Brasil tienen efectos directos sobre la Argentina.

Uno de los principales focos de preocupación es la devaluación del real frente al dólar. La moneda brasileña registró una caída cercana al 10%–12%, un movimiento que modificó los precios relativos entre las dos economías. Cuando el real pierde valor, los bienes y servicios brasileños se vuelven más baratos para quienes compran con pesos o dólares, mientras los productos argentinos pueden quedar relativamente caros. La Argentina ya enfrenta dificultades de competitividad por sus costos internos, por lo que esta dinámica cambiaria profundiza las desventajas de los sectores que necesitan exportar para sostener sus niveles de actividad.

El riesgo de un real barato no se limita a la posibilidad de que los productos brasileños ganen terreno en el mercado argentino. También puede afectar las ventas nacionales hacia el principal socio regional, en especial las manufacturas industriales y el complejo automotor. Informes de la UIA señalan que Brasil concentra más del 60% de las exportaciones industriales argentinas, por lo que cualquier cambio en su demanda o en las condiciones cambiarias puede repercutir sobre las fábricas y sus proveedores. Burdman advirtió sobre el antecedente de la devaluación brasileña de 1999 y la vulnerabilidad que puede generar una alteración abrupta del tipo de cambio del país vecino: “A mí lo que me preocupa de Brasil desde el punto de vista argentino es, en primer lugar, que no haya ninguna inestabilidad macroeconómica, porque la experiencia argentina es tremenda al respecto, el año 98 cuando Brasil devaluó en forma sorpresiva para el entonces gobierno argentino, que descontaba que iba a mantenerse estable hasta el final del periodo de Carlos Menem, eso tuvo un shock muy importante en la Argentina”. Aunque el contexto cambiario actual es diferente al de la convertibilidad, la advertencia apunta a la exposición argentina frente a las turbulencias de su principal socio comercial.

Julio Burdman politólogo, analista político y especialista en geopolítica

El turismo es otro de los sectores que puede sentir con fuerza la diferencia cambiaria. Con un real más débil y precios internos argentinos elevados en dólares, viajar a Brasil puede resultar más conveniente para los turistas argentinos, particularmente en los gastos cotidianos de gastronomía, transporte, combustible y compras. Las playas del sur brasileño y otros destinos del país vecino ganan atractivo frente a la Costa Atlántica y las sierras de Córdoba, que deberán competir con una oferta que puede resultar más económica para las familias. Si una parte de los viajeros redirecciona sus vacaciones, el impacto puede sentirse en las reservas de alojamiento, los restaurantes, los comercios y el empleo estacional de los destinos nacionales.

Además, una Argentina cara en dólares se vuelve menos accesible para los turistas brasileños. La depreciación del real encarece los viajes, el alojamiento y el consumo en ciudades como Buenos Aires, Bariloche o Mendoza. Una caída en la llegada de visitantes del país vecino implicaría menos ingresos para hoteles, restaurantes y comercios, además de una menor entrada de divisas por turismo receptivo. Así, la combinación de argentinos que eligen vacacionar en Brasil y brasileños que encuentran más caro visitar la Argentina puede agravar el saldo turístico en un momento en que el ingreso de dólares constituye una variable fundamental para la economía nacional.

La disputa política, sin embargo, no elimina las oportunidades que podrían surgir de los movimientos de capitales en la región. Burdman planteó que la Argentina podría intentar atraer inversiones brasileñas, pero advirtió que para eso necesita ofrecer condiciones competitivas y previsibles. Al referirse a la experiencia paraguaya, que recibe inversiones de empresarios brasileños, señaló: “la pregunta es si Argentina, que está desarrollando estos mecanismos de atracción de inversiones, no puede  beneficiarse también de esto, de corrientes de inversión que tenían a Brasil como origen. Pero para eso Argentina tendría que prepararse, tendría que convertirse en un país aún más atractivo para recibir inversiones de estas características”. Según el analista, el desafío para el oficialismo es transformar esa posibilidad en proyectos concretos, en lugar de suponer que la afinidad ideológica con otros gobiernos o el enfrentamiento con Lula bastan para mejorar la posición argentina.

En los mercados financieros, el resultado electoral brasileño también se vinculó con movimientos de incertidumbre. Se registraron caídas en acciones y bonos argentinos, una suba del riesgo país hacia la zona de los 738–765 puntos básicos y presiones sobre las cotizaciones del dólar. Estos movimientos no pueden atribuirse exclusivamente a la elección de Lula, porque también intervienen las expectativas sobre la economía brasileña, la situación fiscal y la percepción de los inversores sobre la gobernabilidad. No obstante, la inestabilidad del principal socio regional puede amplificar las tensiones en una economía argentina que necesita financiamiento, divisas y confianza para sostener su programa económico. En ese escenario, Burdman insistió en que el foco debería estar puesto en las consecuencias económicas antes que en la disputa simbólica entre presidentes: “No me parece demasiado relevante frente a los otros temas que son más preocupantes, sobre todo de índole macroeconómico, financiero y de inversiones”.

La reelección de Lula no determina por sí sola el rumbo de la economía argentina, pero abre numerosas variables que no estaban en los planes, ni los deseos, del Poder Ejecutivo argentino. La endeble relación entre ambos mandatarios y la desvalorización del real son dos ejes que podrían traer serias complicaciones, con el plan económico de Javier Milei pendiendo de un hilo y una industria nacional que debe afrontar  competencias en un mercado cada vez más desleal.

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