Milei esquiva el triunfo de Lula y convierte 2027 en una pelea contra el peronismo
En el Gabinete no hubo una palabra sobre la victoria del brasileño, pero sí una advertencia: ni un paso atrás con el programa económico y cero medidas electoralistas. Mientras tanto, la tensión con Patricia Bullrich sigue sin cerrarse.
Javier Milei reunió este lunes a su Gabinete ampliado en el Salón Eva Perón y evitó mencionar el triunfo definitivo de Lula da Silva en Brasil. En cambio, usó el encuentro para blindar el rumbo económico y plantear la elección de 2027 como un cara a cara entre el «partido de la libertad» y el del Estado.
La reunión duró poco más de una hora. El Presidente concentró su exposición en defender el programa económico y en la necesidad de sostenerlo sin cambios.
El silencio sobre Lula y el «plan platita»
El resultado brasileño no apareció en la mesa, aunque sí hubo críticas a la estrategia electoral del líder del PT. Milei dedicó varios minutos al «plan platita» que el oficialismo le atribuye a Lula y aseguró que no habrá medidas electoralistas de cara a 2027.
Según una fuente oficial, entre los temas que se charlaron estuvieron la reducción de la jornada laboral (el 6×1), el dinero electoral y el temor que esa propuesta genera en mujeres y jóvenes. «Algunos van a poner las barbas en remojo acá», dijo.
Para justificar el silencio, un integrante del Gabinete recordó que Itamaraty no dijo nada cuando Milei le ganó el balotaje de 2023 a Sergio Massa, el candidato que respaldaba Lula. El antecedente, sin embargo, no es del todo equivalente: el brasileño publicó entonces un mensaje en X en el que celebró la elección argentina y le deseó «buena suerte» al nuevo Gobierno, sin nombrar a Milei.
El contraste también se nota con el 5 de octubre, cuando el Presidente celebró con sus funcionarios la ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta. Entonces había dicho que el «plan platita» respondía a «recetas del pasado».
Un mensaje electoral hacia adentro
Milei les pidió a sus colaboradores redoblar el esfuerzo para respaldar las medidas ya tomadas y descartó cualquier giro. «No vamos a corrernos ni un milímetro de las ideas de la libertad», se lo escuchó decir, según una fuente que estuvo en el encuentro.
Calificó de «inmoral e injusto» introducir incentivos económicos con el único fin de ganar elecciones. Y planteó que, por primera vez, los argentinos podrán elegir entre el partido de la libertad y la prosperidad y el partido del Estado con todo su pasado por delante.
El temario incluyó además un repaso del escenario internacional. Milei se detuvo en los conflictos entre Estados Unidos e Irán y entre Ucrania y Rusia, y en cómo afectan la oferta global, el precio del petróleo, los precios internos y las tasas de interés.
Agenda legislativa y la interna con Bullrich
Con la agenda parlamentaria en suspenso, el Presidente pidió avanzar con la aprobación del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), la reforma electoral y la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. Esta semana, además, la mesa política no se reunirá como suele hacerlo cada martes.
El Ejecutivo busca ordenar su agenda en medio de diferencias que volvieron a quedar a la vista. La senadora Patricia Bullrich volvió a marcar distancia de Milei y cuestionó sus dichos en la Fundación Faro, donde habló de «quemar periodistas en la hoguera»: para ella, el Presidente cruzó «un límite».
Desde Casa Rosada le bajan el precio al contrapunto y atribuyen la ausencia de la legisladora en la reunión a «motivos personales». Tampoco estuvo el ministro de Defensa, Carlos Presti, que estaba de viaje.
Participaron, entre otros, el jefe de Gabinete, Diego Santilli; el canciller, Pablo Quirno; los ministros Luis Caputo, Sandra Pettovello, Mario Lugones, Federico Sturzenegger, Alejandra Monteoliva y Juan Bautista Mahiques; el vocero Adrián Ravier; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; el titular del Banco Central, Santiago Bausili; y el asesor Santiago Caputo.
Lectura política
Milei convierte la derrota de su espejo ideológico en Brasil en un argumento para endurecer el discurso: sin gestos de campaña y con el ajuste como bandera, intenta mostrarse como el outsider que no compra votos. Al mismo tiempo, pone a la economía como eje de la polarización con el peronismo en 2027.
El silencio sobre Lula revela, además, cierta incomodidad con un resultado que el oficialismo no esperaba celebrar. Y con Bullrich marcando límites en público, el Gobierno tiene por delante el desafío de sostener un mensaje de unidad mientras se acerca la pelea electoral.























