Saltar al contenido
Lunes 12 de octubre de 2026

Donde la política se entiende

POLITICAR
DATOS
Índice POLITICAROCTUBRE 42,4%
Dólar oficial$1.535
Dólar blue$1.540
Dólar MEP$1.543
Dólar CCL$1.607
Riesgo país589 pb
Inflación (Ago)1,7%
Interanual (Ago)33,5%
Reservas BCRAUS$ 49.133 M
Clima CABA13° nublado
Política

El obstáculo interno del peronismo: Cristina y su círculo siguen impidiendo una renovación real

A menos de dos años de las elecciones de 2027, el peronismo vuelve a tropezar con su propio laberinto interno. En lugar de reconstruirse tras años de derrotas y fragmentaciones, el espacio sigue atrapado por una lógica de sometimiento y lealtades vacías que impiden su renovación. En el centro de esa parálisis, una vez más, aparece el nombre de Cristina Fernández de Kirchner, que lejos de correrse para dejar crecer nuevas figuras, continúa condicionando cada intento de reconstrucción.

Por Martín Ramirez Tacgorian ·

cristina-fernandez-de-kirchner-2044630jpg

Mientras buena parte de los intendentes y dirigentes buscan ofrecer una alternativa moderna, plural y competitiva para volver a ser opción de poder, la ex vicepresidenta mantiene una estrategia que se asemeja más al sabotaje que a la conducción. Con gestos, silencios y operaciones desde las sombras, Cristina sigue poniendo palos en la rueda de cualquier intento de aggiornamiento, priorizando el control sobre el futuro.

No es casual que su círculo más estrecho —con Máximo Kirchner y Mayra Mendoza a la cabeza— se haya convertido en el núcleo duro del inmovilismo. Máximo continúa aferrado a una idea de liderazgo que ya no conecta con la sociedad, mientras Mayra Mendoza, lejos de proyectar gestión o apertura, se dedica a blindar su territorio en Quilmes y a repetir el libreto de la jefa, aún cuando eso implique alejarse del ciudadano común. Ambos son la cara visible de un kirchnerismo que no entiende que el país cambió, y que sin autocrítica ni renovación no hay futuro posible.

Esa resistencia a ceder espacio explica por qué el peronismo bonaerense sigue siendo un mosaico de dudas y silencios. Muchos intendentes, aunque hartos del tutelaje de Cristina, eligen la prudencia por temor a las represalias políticas. En ese contexto, el tibio rol de Gastón Granados se vuelve simbólico:  figura con peso territorial que prefiere la ambigüedad antes que una definición clara. Su indefinición ya roza la complicidad. Ni con Axel Kicillof ni con Cristina, el jefe de Ezeiza parece jugar a no jugar, esperando que el tiempo decida por él. Pero en política, la indefinición también es una forma de tomar partido.

El peronismo, si realmente aspira a ser una alternativa potable para 2027, necesita de una vez por todas romper con ese pasado que lo encierra. Ya no alcanza con gestos de unidad de ocasión ni con actos llenos de consignas vacías. La sociedad demanda otra cosa: dirigentes que interpreten el presente, que ofrezcan futuro y que no sigan presos de una conducción que hace tiempo perdió el pulso de la realidad.

Mientras Cristina y su núcleo sigan atornillados al poder interno, el peronismo no será alternativa, sino apenas un recuerdo de lo que supo ser.

Más de Política