Daza admite que la economía crece menos de lo esperado y le baja el tono a la recesión
El número dos de Caputo reconoció que la actividad está "muy baja" y que el segundo semestre cortó el envión, pero pidió no mirar los números contables. Al mismo tiempo, blindó el vínculo con Washington frente al nuevo mapa de poder en el Congreso estadounidense.
El Gobierno terminó de aceptar que la recuperación no llegó con la fuerza que prometía. El viceministro de Economía, José Luis Daza, admitió que el crecimiento quedó por debajo de lo que esperaban en el Palacio de Hacienda, aunque rechazó que el país esté entrando en una recesión técnica y reclamó mirar «el big picture».
Lo dijo en el Foro ABECEB, en Buenos Aires, y con un dato incómodo de fondo: la tendencia-ciclo del EMAE acumula cinco meses de estancamiento. Los analistas calculan que haría falta un salto de 8,5% en septiembre para esquivar la recesión técnica, algo que ellos mismos consideran prácticamente imposible.
«Cosas contables» y un shock de tasas
Daza no esquivó el tema, pero lo desactivó: dijo que hablar de recesión técnica es una cuestión contable y que, según cómo se mueva un mes, el rótulo cambia. Para él, lo que importa es si el rumbo es sostenible y si se están haciendo las cosas correctas.
El viceministro ubicó el origen del freno en dos momentos. El año arrancó condicionado por los efectos de la crisis financiera de 2025, que debilitó al sector financiero y la capacidad de tomar crédito. Entre febrero y junio, según su relato, hubo un círculo virtuoso de baja de tasas, recuperación del crédito y mejores expectativas, que se cortó a partir de julio con un shock de tasas. «Indudablemente, eso tuvo un efecto», reconoció.
Hacia fin de año, dijo, ve señales de una recuperación leve, y calificó de «extraordinario» el desempeño del sector externo.
Washington, con o sin demócratas
La otra pata de su exposición fue política. Horas antes, Gary Litman, vicepresidente senior de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, había planteado que un Congreso bajo control demócrata podría achicar el margen de Washington para asistir financieramente a países como la Argentina.
Daza lo descartó de plano. Sostuvo que el interés estadounidense por el país trasciende al partido de turno, que viene desde la primera presidencia de Trump y pasó por la de Biden, y que es estratégico de mediano y largo plazo. Su argumento se apoya en la energía, el cobre, el uranio y otros minerales críticos, claves en la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China, que se libra en los chips avanzados y en la energía que demanda la inteligencia artificial.
Inversión baja y apuesta a un cambio «para siempre»
Consultado por qué la inversión sigue en torno al 15% del PIB, muy debajo de los estándares regionales, el viceministro apuntó a la incertidumbre sobre la estabilidad de las reglas de juego. Recordó que la Argentina es, según dijo, el país que más tiempo pasó en recesión en los últimos setenta y cinco años, y que eso mantiene alta la prima de riesgo que exigen los inversores.
Para cerrar, Daza tiró una definición de fondo sobre el rumbo de Javier Milei: «Para mí la Argentina cambió. Y cambió para siempre». Su tesis es que existe por primera vez un consenso transversal, «del peronismo a la derecha», sobre reducir el peso del Estado y sostener el equilibrio fiscal. Para sostenerla recurrió al caso chileno posterior al plebiscito de 1988, cuando la Concertación profundizó las reformas en lugar de revertirlas y el país creció a un ritmo del 7,1% anual.
La lectura política
El mensaje del Gobierno es doble. Hacia adentro, busca bajar la expectativa sobre los datos de actividad de corto plazo y trasladar la discusión al rumbo, justo cuando los números no acompañan. Hacia afuera, intenta calmar a los mercados y a los socios en Washington: la ayuda de Estados Unidos no dependería de quién controle el Congreso.
Queda por ver si el relato del «cambio para siempre» alcanza para convencer a inversores que, según el propio viceministro, siguen cobrando caro el historial argentino, y si la recuperación leve que promete para fin de año llega antes de que la palabra recesión se instale en la discusión política.























