Boleta Única y Elecciones Desdobladas: ¿Orden o Caos Electoral en 2025?
El 1 de octubre de 2024, la Cámara de Diputados de la Nación sancionó la Ley 27.781, que modificó el Código Electoral Nacional e incorporó la Boleta Única de Papel (BUP) como nuevo instrumento de votación en las elecciones nacionales. Este sistema presenta en una sola hoja todas las opciones electorales disponibles en un distrito, reemplazando el tradicional método de boletas partidarias.

A partir de 2025, este cambio transformará la dinámica electoral nacional, mientras que en la provincia de Buenos Aires seguirá utilizándose el sistema convencional. Ante esta situación, surgen interrogantes tanto en la ciudadanía como entre los dirigentes políticos:
¿Cuánto tiempo tomará el nuevo proceso de votación? ¿Cómo impactará en el humor social?
Por estas razones y por consideraciones estratégicas, el espacio encabezado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires plantea la posibilidad de desdoblar las elecciones, permitiendo que los comicios provinciales se realicen en una fecha distinta a los nacionales. Esta decisión, además de responder a las particularidades del nuevo sistema electoral, podría tener implicancias políticas clave para el escenario electoral bonaerense. Complementando los aspectos políticos previamente mencionados, es fundamental analizar las implicancias prácticas y logísticas que conlleva una elección de estas características.
En primer lugar, la simultaneidad de los comicios implicaría la coexistencia de dos sistemas de correo electoral diferentes, ya que cada nivel de votación requeriría el traslado de boletas distintas. Dado que el sistema de correo estaría mayormente abocado a la elección nacional, la provincia se vería obligada a contratar personal adicional para garantizar la distribución de las boletas provinciales.
Además, se necesitan dos presidentes de mesa por cada mesa electoral, lo que duplicaría la necesidad de designación, el pago de viáticos y la gestión de ausencias, una problemática recurrente en cada elección. A esto se suma el desafío de informar y educar a la ciudadanía sobre los dos sistemas de votación, evitando que el día de la elección se generen demoras por falta de conocimiento o, peor aún, que algunos votantes opten por emitir su sufragio en una sola categoría y se retiren sin completar el proceso.
Incluso si todos estos obstáculos se resolvieran, el tiempo de votación por persona aumentaría significativamente, generando filas más largas, retrasos en el cierre de mesas y un escrutinio más lento. A esto se sumaría la complejidad de la carga digital de los resultados, prolongando aún más el proceso.
En conclusión, más allá de las disputas políticas y la competencia entre La Cámpora y el Axelismo por la estrategia electoral, la realización simultánea de elecciones bajo dos sistemas distintos plantea desafíos logísticos y técnicos ineludibles. La posibilidad de que muchos ciudadanos no puedan ejercer su derecho al voto, sumada a la previsión de largas filas y un clima social marcado por la tensión, exige una toma de decisiones responsable. En este contexto, es fundamental evaluar cada variable con rigor para garantizar un proceso electoral transparente y ordenado.


