Golpe para la Industria automotriz: la producción cayó 16,9% y la apertura importadora impacta en las fábricas argentinas
La producción automotriz cayó 15,6% interanual en septiembre y acumula un retroceso del 16,9% en lo que va del año. La apertura importadora, el debilitamiento del mercado interno y la pérdida de competitividad profundizan la crisis. Juan Cantarella, referente del sector autopartista, le advirtió a POLITICAR sobre el cierre de empresas y las dificultades para competir con Brasil y China.
La industria automotriz continúa encontrando dificultades para competir y tener números a la alza bajo el actual modelo económico. Durante septiembre, las terminales fabricaron 39.747 vehículos, un 15,6% menos que en el mismo mes del año anterior, según datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA). Entre enero y septiembre se produjeron 314.975 unidades, una caída del 16,9% interanual. Las cifras exponen el difícil momento que atraviesa un sector estratégico para el entramado industrial, el empleo registrado y el desarrollo de proveedores nacionales.
La caída no afecta a todas las ramas por igual. La producción acumulada de automóviles de pasajeros se desplomó un 34,2%, mientras que la de vehículos utilitarios retrocedió un 3,8%. A esta diferencia se suma un cambio en la composición del mercado: en septiembre, casi siete de cada diez vehículos vendidos en el país fueron importados. La mayor presencia de unidades extranjeras, en un contexto de apertura comercial, reduce el espacio para los modelos fabricados localmente y profundiza los interrogantes sobre el futuro de las plantas argentinas. Mientras las exportaciones mostraron señales de recuperación mensual, ese desempeño todavía no alcanza para revertir la contracción de la producción.
El enfriamiento del consumo interno constituye otro de los factores que presionan sobre la actividad. Las ventas mayoristas de las terminales a los concesionarios locales acumularon una caída del 24,3% durante los primeros nueve meses del año, de acuerdo con los datos aportados. La pérdida de poder adquisitivo y la debilidad de la economía dificultan la demanda de bienes durables, como los automóviles, mientras las importaciones ganan participación. El resultado es una industria que enfrenta simultáneamente un mercado doméstico debilitado y una competencia externa creciente.
La crisis también alcanza a la cadena autopartista, integrada por empresas que producen los componentes necesarios para el funcionamiento de las terminales. La sustitución de piezas nacionales por insumos importados y las dificultades para competir con los costos de producción de otros países ponen bajo presión a talleres y fabricantes locales. A esto se suma la reducción de la oferta de modelos fabricados en Argentina, que pasó de 19 a 14, según la información relevada. De este modo, la preocupación ya no se limita a cuántos vehículos salen de las líneas de montaje, sino que también involucra la continuidad de proveedores, la conservación de puestos de trabajo y la capacidad del país para sostener una estructura industrial propia.

En este contexto, Juan Cantarella, referente del sector autopartista y presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes, reconoció “la normalización comercial era necesaria, pero trajo consecuencias para las empresas”. El directivo señaló que “el proceso coincidió con el cierre de diez compañías del sector automotriz”. Su planteo expone que las trabas y las deudas del esquema anterior dificultaban la gestión cotidiana y la búsqueda de nuevos clientes, pero la apertura, sin condiciones competitivas equivalentes, también puede acelerar la pérdida de producción local. Por ello, el desafío no consiste simplemente en abrir o cerrar la economía, sino en definir bajo qué condiciones las empresas argentinas pueden competir y sostener el empleo.
Cantarella apuntó además contra los costos internos y la falta de una política sectorial capaz de equiparar las condiciones de competencia con otros países. En particular, cuestionó el peso de los impuestos en cascada y calificó a Ingresos Brutos como un impuesto “cobarde”. También advirtió que “Argentina pierde inversiones frente a Brasil, porque tienen una estrategia más sólida para atraer capitales automotrices” y reclamó competir en igualdad de condiciones. Su crítica también alcanzó la referencia a precios asiáticos que, según planteó, no siempre reflejan los costos reales de producción.
La caída de la producción automotriz vuelve a poner en discusión el rumbo del Gobierno de Milei. La apertura económica no se traducen automáticamente en más fábricas funcionando, nuevas inversiones o empleos de calidad. Con la producción en retroceso, las importaciones ganando terreno y los autopartistas bajo presión, la discusión central pasa por el tipo de desarrollo que busca la Argentina: uno que sostenga capacidades productivas, proveedores y trabajo nacional, o uno en el que una parte creciente de la demanda sea abastecida desde el exterior.


