Muere Patricia Walsh, la diputada que tumbó en el Congreso las leyes de impunidad
La dirigente de izquierda murió a los 74 años tras una operación de pulmón. Deja una marca que atravesó gobiernos y partidos: el proyecto que abrió la puerta a reabrir los juicios por crímenes de la dictadura.
Patricia Walsh, dirigente de izquierda, psicóloga social, periodista y exdiputada nacional, murió a los 74 años en la clínica Suizo Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires. Llevaba varios días internada después de una cirugía de pulmón, que derivó en complicaciones respiratorias severas y una neumonía aguda que su organismo no pudo superar.
Su muerte generó pesar en el arco político y, sobre todo, entre los organismos de derechos humanos, que la reconocen como una figura central en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
La banca que cambió el mapa judicial
Walsh fue diputada nacional por la Ciudad entre 2001 y 2005. En ese período fue autora y principal impulsora del proyecto que declaró la nulidad insanable de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, las normas que habían blindado a los represores de la última dictadura.
Lo había anticipado al asumir: «En el Congreso, mi primer proyecto va a ser pedir la nulidad absoluta de las leyes de impunidad y del indulto». Su planteo era que esas leyes, sancionadas en 1986 y 1987, eran inconstitucionales y nulas de nulidad absoluta, porque los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles según el derecho internacional.
La iniciativa se aprobó en agosto de 2003, en los primeros meses del gobierno de Néstor Kirchner, con apoyo de distintos sectores parlamentarios. En 2005 la Corte Suprema ratificó la inconstitucionalidad y quedó abierto el camino para reabrir los juicios en todo el país.
Una historia marcada por la dictadura
Nacida en 1952, era hija de Rodolfo Walsh, referente del periodismo de investigación y autor de Operación Masacre. En 1976 su hermana Victoria fue asesinada en un enfrentamiento fraguado que, en los hechos, fue un operativo militar de exterminio. Un año después, el 25 de marzo de 1977, su padre fue emboscado y desaparecido, un día después de difundir la «Carta abierta de un escritor a la Junta Militar».
Con el regreso de la democracia, fue de las primeras en testimoniar ante la CONADEP. Más tarde declaró en causas reabiertas, entre ellas las de la ESMA, posibles gracias a la nulidad que ella misma había promovido. También participó de H.I.J.O.S.
Una izquierda con identidad propia
Quienes compartieron espacios con ella destacan que construyó una identidad política propia y que no se apoyó en su apellido. Sus primeros pasos fueron en la Universidad Nacional de La Plata, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Trabajó como periodista, ejerció la psicología social y fue empleada pública.
Como dirigente apostó a la unidad de la izquierda en tiempos de fuerte fragmentación. Fue candidata a presidenta en 1999 por Izquierda Unida, alianza del Movimiento Socialista de los Trabajadores y el Partido Comunista, y volvió a postularse en 2003. En 2000 compitió por la jefatura de Gobierno porteña y entre 2007 y 2009 ocupó una banca en la Legislatura de la Ciudad, en un esquema de rotación con otro dirigente de su espacio.
Lectura política
La despedida unánime habla del lugar que ocupa Walsh más allá de la izquierda, un espacio que casi nunca llegó a bancas con peso propio. Su paso por el Congreso quedó ligado a una de las decisiones institucionales más fuertes de la democracia y a un consenso que hoy sigue siendo parte del piso de debate sobre los derechos humanos. Su vínculo con la Ciudad fue constante: fue elegida por el distrito, compitió por su conducción, legisló en la Legislatura y murió en una clínica porteña.

























