Una visita a San José, una cena en La Pampa y un Colo que volvió de París
El peronismo celebró la Lealtad en tres escenarios distintos y, una semana después, cenó en la misma mesa. El Gobierno cuenta senadores para enterrar las PASO, pero las cuentas no le dan igual a todos. Macri mira de lejos, Karina arma de cerca y ochenta intendentes bonaerenses hacen fila frente a una ley que no los deja seguir. Crónica de una rosca que nunca se toma vacaciones.
Me senté en la mesa de siempre, la de la vereda, esa que el mozo me guarda con la misma paciencia con la que el peronismo guarda sus rencores: sin decir nada, pero sin olvidarse de nada. Pedí un cortado, abrí el diario sobre la mesa, dejé los anteojos encima de los titulares y encendí eso que el médico me prohibió hace años. Afuera pasaban los autos; adentro, como en la Argentina, pasaba todo y, al mismo tiempo, no pasaba nada.
—¿Qué hay de nuevo, Polo? —preguntó el mozo, que es el mejor analista político que conozco, porque escucha todas las mesas y no vota en ninguna.
—Lo de siempre —le dije—. Que todos aseguran que falta muchísimo para 2027 y todos se comportan como si las elecciones fueran el domingo que viene.
Queridos lectores, no se asusten. Este país tiene una virtud extraordinaria: cada vez que parece que va a cambiar todo, vuelve a ocurrir exactamente lo mismo, pero con otros apellidos. O con los mismos apellidos, que es todavía más argentino.
Vamos por partes, como decía el carnicero del barrio.
La Señora tuvo visitas
La semana de la Lealtad empezó con un timbre. El viernes previo al 17 de octubre, El Incombustible llegó al departamento de San José 1111, donde La Señora cumple su arresto domiciliario, y se sentó a conversar con la expresidenta. Nadie difundió el acta de la reunión, porque en el peronismo las reuniones importantes nunca tienen acta: tienen versiones.
Y versiones hubo, como corresponde. Algunas hablaban de una vieja sociedad que se desempolva; otras, de una fórmula que incluiría a El Heredero y que, por ahora, existe sobre todo en la imaginación de quienes la hicieron circular. Lo cierto es que, horas más tarde, Sergio Massa compartió en sus redes un fragmento del discurso de Perón del 17 de octubre de 1945, acompañado de una frase que no necesita traductor: la unidad es el camino a la victoria.
En el peronismo, cuando alguien recita a Perón la víspera del 17, no está haciendo historia. Está haciendo campaña.
Tres escenarios, una lealtad y mil kilómetros de distancia
El sábado, el movimiento celebró la Lealtad con una prolijidad admirable: cada uno en su lugar y lo más lejos posible del otro.
El Profesor eligió González Catán, en La Matanza, la capital autoproclamada del peronismo. Lo acompañaron Verónica Magario, Fernando Espinoza, un grupo de intendentes y buena parte de su gabinete. Axel Kicillof aseguró que el peronismo volverá a gobernar el año que viene, reivindicó a Cristina y se ofreció a poner el cuerpo y recorrer el país. Traducido al idioma de la rosca, eso tiene un solo significado: me anoto.
El Heredero, en cambio, se fue a Resistencia. A más de mil kilómetros de La Matanza, en el club Juventud, compartió escenario con Jorge Capitanich y deslizó una frase que en La Plata leyeron con lupa: no quieren un amontonamiento de dirigentes. Máximo arma su propio mapa federal con exgobernadores que necesitan volver a ganar en sus provincias, y cerca suyo repiten una consigna que no deja demasiado lugar a la interpretación: Cristina en una boleta.
El kirchnerismo más fiel, mientras tanto, marchó hasta San José 1111. Y la CGT, que nunca se pierde una fecha patria, organizó su propio homenaje.
Para completar el cuadro, días antes Carlos Bianco, El Escudero del gobernador, había dicho cosas que en algunos sectores del peronismo interpretaron como una señal: que El Profesor no descarta competir con la expresidenta si las circunstancias lo exigen. Bianco habla todas las semanas, pero esta vez lo escucharon en toda la provincia.
Tres actos, tres escenarios y tres liderazgos. Y todos, por supuesto, en nombre de la unidad.
La cena de la Casa de La Pampa
Pero el peronismo tiene una habilidad que ningún politólogo terminó de explicar: puede pelearse un sábado y cenar el jueves siguiente como si no hubiera pasado nada.
El jueves 22, en la Casa de La Pampa, en pleno centro porteño, volvieron a sentarse El Profesor, El Incombustible y El Heredero. Fue la reedición de la cumbre de agosto, aquella de la que les hablé en esta misma columna. Esta vez la mesa fue bastante más larga: estaban el anfitrión Sergio Ziliotto; Gildo Insfrán, El Eterno, que ya vio pasar más presidentes que el Cabildo; Ricardo Quintela, Gustavo Melella, el santiagueño Gerardo Zamora, Juan Manuel Olmos y los jefes de bloque Germán Martínez y José Mayans.
Se habló del Presupuesto, de las provincias, del endeudamiento de las familias y, sobre todo, de las PASO. Uno de los comensales contó después que se conversó una estrategia de bloqueo contra la suspensión de las primarias, que el Gobierno quiere sacar del calendario antes de fin de año. También se acordó explorar un frente nacional con otros partidos, que es la forma elegante de admitir que solos no alcanza.
¿Candidaturas? Ni una palabra. Cuando le preguntaron, el anfitrión respondió con la sabiduría de quien conoce los tiempos del campo pampeano: ya habrá tiempo.
El Incombustible, fiel a su estilo, repitió su fórmula preferida: unidad con competencia. Es decir, todos juntos, pero que gane el mejor. Y cada uno, naturalmente, está convencido de que el mejor es él.
Al día siguiente, como quien sale de una cena familiar y vuelve a su casa a seguir con lo suyo, El Profesor cerró el Congreso Productivo de la Ciudad junto a Augusto Costa, a quien empieza a perfilar como referente porteño del Movimiento Derecho al Futuro. Y siguió con la gira: después de Córdoba, la próxima escala es Jujuy, este viernes 30. Kicillof recorre el país con la constancia de un viajante de comercio. Lo que vende, por ahora, es él mismo.
Los ochenta que no pueden
En la provincia, mientras tanto, hay ochenta intendentes que miran el calendario con angustia. Son los jefes comunales alcanzados por la ley que limitó las reelecciones indefinidas, una norma sancionada en tiempos de María Eugenia Vidal que en 2025 se modificó para legisladores, concejales y consejeros escolares, pero no para ellos. Hay que reconocerlo: la Legislatura bonaerense es generosa, pero la caridad empieza por casa.
De esos ochenta, alrededor de 27 responden a El Profesor. O 28, según quién haga la cuenta, porque en el peronismo bonaerense hasta los números tienen interna. Kicillof respalda eliminar la restricción, en sintonía con los intendentes que sostienen su armado. El Incombustible, en cambio, ya avisó que no pondrá los votos para cambiar la ley. Y en La Cámpora saben perfectamente que cada intendente que no puede repetir deja un municipio libre para disputar.
Así que los intendentes, que de ingenuos no tienen nada, empezaron a resolver el problema a la vieja usanza: con la familia y con los amigos. En Ensenada, Mario Secco, que lleva seis mandatos consecutivos, perfila a su hijo Nicolás. En José C. Paz, Mario Ishii se mudó al Senado bonaerense y dejó el municipio en manos de Lorena Espina, que no tiene el camino tan despejado como le gustaría. Jorge Ferraresi renunció hace tiempo. Y en el Frente Renovador ya se anota el ministro de Transporte bonaerense, Martín Marinucci.
La próxima estación de este tren es el Congreso del PJ bonaerense, previsto para noviembre. Allí se cruzan todos los cables al mismo tiempo: la conducción del partido, las reelecciones, las PASO y la sucesión en la Gobernación. Si alguien les dice que va a ser un trámite, desconfíen. En el peronismo bonaerense, los congresos partidarios se parecen bastante más a una reunión de consorcio que a un acto de fe.
El Colo volvió de París
Del otro lado del mostrador, el que más millas acumula es Diego Santilli. El Colo llegó a la Jefatura de Gabinete después de la tormenta que se llevó a Manuel Adorni y recibió una misión que en la Casa Rosada consideran casi sagrada: enterrar las PASO.
Para eso se fue a París. No a ver la Torre Eiffel, sino a conversar con trece gobernadores, que es una forma muy argentina de hacer turismo. Volvió con algunas adhesiones: cuatro gobernadores radicales se pronunciaron por eliminar las primarias y el jujeño Carlos Sadir se inclinó por suspenderlas. Pero también volvió con un problema: el tucumano Osvaldo Jaldo salió a defender las PASO, y Jaldo nunca viaja solo, porque tiene tres votos en el Senado y otros tres en Diputados.
La reforma necesita 37 votos en la Cámara alta. La Libertad Avanza tiene 21. Y acá empieza la novela.
El Colo asegura que los 37 están. La Inoxidable, Patricia Bullrich, que conduce el bloque oficialista en el Senado, sostiene que el número no llega ni a treinta. Entre una cuenta y la otra hay siete votos de diferencia, que en el Senado equivalen a un continente. No es la primera vez que las calculadoras de Santilli y Bullrich dan resultados distintos: ya pasó con otras leyes y siempre terminó en una discusión que nadie quiso hacer pública, pero que todos conocieron.
En los pasillos del Congreso hay quienes leen la demora en otra clave. Dicen que el Gobierno tendría el número y que lo que todavía no se resuelve es un asunto interno: el lugar de La Inoxidable en la fórmula de 2027. En la Casa Rosada hay quienes empujan un binomio Milei-Bullrich, y Martín Menem, desde la presidencia de Diputados, apunta a votar la reforma electoral el 20 de noviembre.
Moraleja: en la Argentina, a veces, para saber si hay votos primero hay que saber quién va a ser candidato.
La Hermana, El Ingeniero y los mensajeros
¿Y la llamada? ¿Se acuerdan de la llamada? En agosto les conté que La Hermana y El Ingeniero habían vuelto a hablar, y que la pregunta verdaderamente importante era quién había marcado primero.
Bueno: parece que la llamada quedó en llamada.
Según se publicó en estas semanas, Mauricio Macri no retomó el vínculo con Karina Milei y prefirió delegar la negociación en sus dos mensajeros, Fernando de Andreis y Cristian Ritondo, que se sientan cada quince días en una mesa que auspicia Santilli junto con los Menem. El Ingeniero sigue escéptico, observa que las expectativas sobre la reelección del Presidente se deterioraron y deja correr a Hernán Lacunza, El Economista en espera, aunque en público siga sin elegirlo. En su entorno lo resumen con una imagen de campo: falta ponerle el cascabel al gato.
Mientras tanto, en la Ciudad, Macri celebró la llegada de Francisco Quintana como secretario de Gobierno de su primo Jorge. Quintana, cercano a Daniel Angelici, tendrá un rol estratégico en el armado territorial porteño. Y Karina, que no se olvida de nada, tiene a Pilar Ramírez en la gatera para disputarle la Ciudad al PRO.
En la provincia, la historia es más amable. Ritondo y Sebastián Pareja, El Armador bonaerense de La Libertad Avanza, tienen encaminado un entendimiento para ir juntos. La postal que lo explica todo se tomó en Lincoln, en una prueba de doma que se llama, con involuntario sentido del humor, «Bien Montados»: allí coincidieron Karina, Pareja, Santilli y dirigentes de origen PRO. Nadie se cayó del caballo, lo cual, en estos tiempos, ya es un dato político.
De Andreis lo había dicho sin vueltas en agosto: si se dividen, el peronismo tiene altísimas chances de ganar. Es la única frase en la que libertarios y amarillos están completamente de acuerdo. Todo lo demás, todavía, se negocia.
Y el Presupuesto, bien, gracias
Como si faltara algo, el Presupuesto 2027 empezó su recorrido en Diputados. El Presidente había anunciado que iría personalmente a presentarlo, como en 2024. Al final no fue: el proyecto llegó por mesa de entradas y la épica quedó para otra ocasión.
Luis Caputo, por su parte, descartó cualquier tentación de gasto electoral con una idea que el Gobierno repite como un mantra: al populismo no se lo combate con más populismo, sino con más ortodoxia. Los gobernadores escucharon con atención. Y, como siempre, empezaron a calcular cuánta ortodoxia le toca a cada uno.
Todos sacaron la agenda
El mozo volvió con otro cortado. No se lo había pedido; me conoce.
—¿Y? ¿Quién gana? —preguntó, mientras levantaba la taza vacía.
—Mirá —le dije—: El Profesor viaja. El Incombustible visita. El Heredero se va lejos para que lo escuchen cerca. La Señora recibe. El Colo cuenta senadores. La Inoxidable los vuelve a contar y le da otro número. La Hermana ordena. El Ingeniero mira. Los mensajeros van y vienen. Y ochenta intendentes bonaerenses buscan la manera de quedarse o, en su defecto, de dejar a alguien de confianza en el sillón.
—O sea que nadie sabe nada.
—Al contrario. Todos saben algo. El problema es que ninguno sabe lo mismo.
La superficie muestra un país partido en dos. Pero debajo hay cenas, visitas, viajes, caballos y calculadoras. El peronismo ensaya una unidad que todavía no tiene dueño. El oficialismo busca votos que todavía no tienen fórmula. Y el PRO espera que alguien le ofrezca algo que todavía no tiene precio.
Dicen que falta muchísimo para 2027.
Ya lo dijimos la otra vez: pasado mañana.
Café, medialunas y good show.























