Kicillof festeja a Lula y Milei calla, mientras Flavio Bolsonaro desconoce el balotaje
El triunfo del líder del PT reabre la grieta argentina con espejo brasileño: el gobernador salió a celebrar y la Casa Rosada evitó el saludo. Bolsonaro pide anular la elección y el Presidente se alinea con esa lectura.
Lula da Silva ganó el balotaje en Brasil con el 51 por ciento de los votos y la política argentina volvió a alinearse en veredas opuestas. Axel Kicillof lo celebró en público; Javier Milei evitó felicitar al ganador.
La remontada de Lula le dio la vuelta a un escenario que, en la primera vuelta, de hace 20 días, había favorecido al bando que Milei apoyaba: el Presidente había celebrado el desempeño de Flavio Bolsonaro, mientras el gobierno bonaerense apostaba a que Lula revertiría la ventaja.
Bolsonaro no reconoce la derrota
El candidato del Partido Liberal, hijo del expresidente, anunció que no aceptará el resultado y que irá a la Justicia para pedir la anulación de la elección. Apuntó contra el Supremo Tribunal Federal, que amplió dos horas el horario de votación porque las condiciones climáticas dificultaban llegar a los centros de votación.
Según Bolsonaro, las reglas del juego se cambiaron de manera arbitraria y en favor de Lula. Ese cuestionamiento a la ampliación horaria es el eje de su estrategia legal.
El silencio de la Casa Rosada
Milei adoptó la misma línea y no saludó al presidente electo. Llamó la atención su contención en redes sociales, donde suele ser desbordante, aunque compartió una publicación que compara a Lula con Nicolás Maduro por una supuesta manipulación de los comicios.
Tampoco hubo felicitaciones de la Cancillería ni de su titular, Pablo Quirno. El Gobierno nacional, por ahora, no reconoció públicamente al ganador.
Kicillof, a la ofensiva
El gobernador bonaerense hizo lo contrario. Habló de “una noche histórica” y dijo que Lula deja como enseñanza que “nunca hay que rendirse”. Además, felicitó al mandatario por su cuarto mandato.
En la lectura política, Kicillof capitaliza una victoria que le permite mostrar un modelo de remontada frente a la derecha regional y marcar la diferencia con el Presidente. Para Milei, el costo es diplomático: se alinea con quien impugna el resultado y queda aislado frente al vecino y principal socio comercial, justo cuando Lula inicia un nuevo mandato.























