Echarren desafía a la Provincia: Castelli va por la primera carta orgánica bonaerense
El intendente sostiene que el esquema municipal vigente "es de imposible funcionamiento" y propone un proceso de ocho años para ganar autonomía. Aclara que no busca un choque de poderes, pero sí forzar una discusión de fondo.
El intendente de Castelli, Francisco Echarren, puso en marcha un camino para que su distrito sea el primero de la historia bonaerense con carta orgánica propia. Su argumento central: la Provincia tarda tanto en convalidar decisiones locales que el municipio queda atado de manos para planificar y gobernar.
El jefe comunal lo ilustró con un caso cotidiano. Una vecina, hija de un exintendente, quería subdividir su quinta para dejarle un terreno a cada uno de sus tres hijos. Echarren le explicó que el municipio puede cambiar la zonificación, pero que la escritura no llega hasta que la Provincia convalide la norma.
Cuatro años de espera por un código urbano
Según el intendente, Castelli ya aprobó su nuevo código urbano y hace cuatro años que está en manos de la Provincia esperando validación. Para él, ese plazo es incompatible con la tarea de planificar la ciudad, captar plusvalías y ordenar los espacios públicos.
Las consecuencias, planteó, son concretas: los desarrolladores frenan sus proyectos hasta que haya convalidación o avanzan en la informalidad. Eso deriva en countries sin habilitación y en barrios populares, lo que Echarren definió como las dos caras de la informalidad: evasión tributaria arriba y marginalidad abajo. Con autonomía, sostuvo, el municipio podría captar plusvalías en los sectores altos e invertirlas en los más postergados.
Una ley de hace 70 años para 135 distritos
El otro blanco de sus críticas es la Ley Orgánica de las Municipalidades, un decreto ley de la dictadura con unos 70 años de antigüedad que impone las mismas reglas a los 135 distritos. Echarren remarcó que no se puede regir igual a La Matanza, José C. Paz, Castelli, Tandil o Bahía Blanca, y aclaró que no habla bien ni mal de ninguno, sino de realidades distintas.
También apuntó al control de las cuentas públicas. Dijo que el Tribunal de Cuentas provincial está colapsado por tener que revisar a todos los municipios y organismos, y que a veces emite fallos siete años después, cuando ya no están ni el intendente ni los concejales. Su propuesta es que el organismo provincial quede como instancia de alzada y que cada distrito tenga un Tribunal de Cuentas local, integrado por la oposición y con control previo. Sumó la idea de una Defensoría del Pueblo local.
Autonomía blanda y convención constituyente
La hoja de ruta es gradual. Primero se convocará a una convención constituyente, con convencionales elegidos por los vecinos, que redactará y sancionará la carta orgánica. Echarren habló de un proceso de ocho años y de una primera etapa de autonomía blanda, con instituciones locales que no choquen de frente con el ordenamiento provincial.
Aseguró que no se trata de «independizarse» ni de generar un conflicto de poderes, sino de abrir un debate que transforme la institucionalidad bonaerense. Prometió convocar a convencionales del radicalismo, el peronismo y los vecinalistas, además de centros de jubilados, la cooperativa eléctrica y los productores.
La lectura política es doble. Echarren se anticipa a cualquier crítica de personalismo al ofrecer una convención plural y sin sello partidario. Y, al mismo tiempo, deja planteada una discusión incómoda para el sistema bonaerense: cuánto poder real tienen los intendentes frente a una Provincia que concentra las decisiones. Su cierre fue una advertencia: «La autonomía no es un capricho de un intendente o de muchos intendentes. Es una exigencia de la realidad».























