San Isidro en caída libre: ¿cuáles son los indicadores reales detrás del derrumbe que arrastra a Ramón Lanús?
El ranking de octubre de la encuestadora CB Consultora ubica al intendente en el puesto 22 entre 24 jefes comunales del Gran Buenos Aires. El contraste con las valoraciones que alcanzó Gustavo Posse abre una discusión sobre las expectativas de cambio y los resultados de la gestión.
La política suele ser implacable con quienes no cumplen las expectativas. San Isidro ofrece hoy un ejemplo elocuente.
Una encuesta no explica todo, pero tampoco puede ignorarse cuando muestra que un intendente tiene mucho más rechazo que respaldo. En la medición de octubre, Ramón Lanús registra un 36,6% de imagen positiva y un 55,3% de negativa: ocupa uno de los últimos lugares del ranking de intendentes del Conurbano.
Más aún, cuando el anterior mandatario local, Gustavo Posse, llegó a superar el 67% de imagen positiva en las mediciones de la misma consultora, entre otras. En marzo de 2022, incluso, alcanzó el 72%. Ramón Lanús, su sucesor, aparece en octubre de 2026 con apenas el 36,6% de valoración favorable y un 55,3% de negativa.
Entre ambas mediciones hay 30,5 puntos porcentuales de distancia en imagen positiva.
No es una comparación simultánea ni basta, por sí sola, para dictaminar cuál fue la mejor gestión. Pero sí constituye una señal política demasiado importante como para ignorarla.
¿Qué pasó en San Isidro? ¿Por qué una administración que durante años consiguió sostener un respaldo elevado por parte de sus ciudadanos, fue sucedida por otra cuya imagen presenta semejante deterioro?
Las respuestas no pueden buscarse únicamente en la comunicación política ni en las disputas entre oficialismo y oposición. Hay que mirar la gestión.
La distancia de 30 puntos en la aprobación popular expone una realidad incómoda: el descontento de los vecinos se nutre de la parálisis de los servicios públicos esenciales.
El termómetro de la calle: Seguridad, Salud e Higiene Urbana bajo la lupa
El contraste técnico entre ambos modelos se evidencia de manera directa en los tres pilares históricos del municipio:
- En Seguridad Municipal: Hay una cifra tan real como escalofriante. De acuerdo a estadísticas nacionales oficiales, durante 2025 San Isidro registró la cifra récord de 8 homicidios en ocasión de robo. En la gestión anterior, había llegado a 10 años sin solo uno. La pregunta abierta es clara: ¿cómo sucedió? ¿Qué cambió?
En redes sociales, reuniones vecinales y asambleas se argumenta que en tiempos de Posse, se veía un patrullaje más activo con personal policial en los móviles, cámaras en pleno funcionamiento y tasas delictivas estables. Mientras que en la administración de Lanús se ve muestra un alarmante desmantelamiento de las cuadrículas de patrullas conducidas sólo con personal municipal sin preparación y falta de mantenimiento técnico en los dispositivos de vigilancia, abriendo focos delictivos en zonas anteriormente seguras como Martínez. No resulta casual que esta gestión haya echado a un Secretario de Seguridad por corrupción y su sucesor haya renunciado poco después de asumir. El impacto directo para el vecino es una creciente sensación de abandono e incrementos de robos en centros comerciales.
- En Salud Pública: La era Posse sostenía una atención dirigida a los vecinos, guardias médicas activas, turnos accesibles y una fuerte descentralización de la atención primaria. En contraste, los indicadores actuales reflejan una caída drástica en las prestaciones básicas, demoras extensas en áreas críticas como las guardias hospitalarias y una preocupante falta de insumos médicos producto de un acuerdo con el gobernador Kiciloff permitiendo que los hospitales municipales atiendan a gente de toda la Provincia a pesar de que los mismos son sostenidos por la tasa que pagan los vecinos de San Isidro. Esto se traduce en el colapso del sistema local y la migración forzada de pacientes hacia sanatorios privados. Tal vez semejante generosidad se deba a un acuerdo entre ellos por el que la Provincia autorizó un inédito endeudamiento municipal destinado a cubrir gastos corrientes cuando la tasa por ABL que pagan los ciudadanos supera ampliamente la inflación.
- En Higiene y Espacio Urbano: La anterior conducción garantizaba el mantenimiento diario de las calles, la poda regular y la recolección eficiente de residuos domiciliarios. Hoy, el paisaje de San Isidro exhibe basura acumulada, abandono crónico de la zona de la costa, cordones deteriorados y una parálisis total de las obras públicas que ya estaban prácticamente terminadas. El resultado es un deterioro estético y ambiental visible en los principales corredores del partido lo que plantea no pocas inquietudes entre los vecinos atento al advenimiento del denominado Super Niño.
La hora de la rendición de cuentas
La gestión de Posse no está exenta de críticas ni su prolongada permanencia constituye, por sí misma, una garantía de eficacia. Pero los niveles de aprobación que alcanzó plantean una pregunta inevitable: ¿qué tenía aquella relación entre el municipio y sus vecinos que la administración actual no consigue reproducir?
La encuesta no resuelve el interrogante. Lo vuelve urgente.
San Isidro necesita menos triunfalismo y más rendición de cuentas. Si Lanús, como cualquier mandatario, considera que su gestión está mejorando la vida de los vecinos, debe demostrarlo con indicadores verificables. Y si los resultados contradicen esa percepción, corresponde revisar el rumbo.
En definitiva, gobernar no consiste en anunciar cambios ni en explicar por qué los problemas son heredados. Consiste en resolverlos. La distancia entre la valoración que alcanzó Posse y la que hoy registra Lanús obliga, como mínimo, a preguntar si San Isidro está recibiendo la gestión que sus habitantes esperan.






















