Saltar al contenido
Sábado 10 de octubre de 2026

Donde la política se entiende

POLITICAR
DATOS
Índice POLITICAROCTUBRE 42,4%
Dólar oficial$1.535
Dólar blue$1.540
Dólar MEP$1.543
Dólar CCL$1.607
Riesgo país589 pb
Inflación (Ago)1,7%
Interanual (Ago)33,5%
Reservas BCRAUS$ 49.133 M
Clima CABA11° nublado
Análisis

Atentos: no entren en su juego

Mientras la Argentina atraviesa una de las crisis sociales más profundas de los últimos años, con salarios pulverizados, comercios cerrando, jubilados sin respuestas y familias haciendo cuentas para llegar a fin de mes, buena parte de la dirigencia política vuelve a caer en una trampa conocida: discutir lo que el poder quiere que se discuta.

Por Martín Ramirez Tacgorian ·
Sin-titulo-3-10

En las últimas horas, el foco estuvo puesto en escuchar a un jefe de Gabinete y a funcionarios nacionales brindar explicaciones parciales, insuficientes y llenas de zonas grises sobre su patrimonio. Declaraciones medidas, respuestas evasivas y una puesta en escena cuidadosamente diseñada para ocupar la agenda pública durante días.

Y ahí aparece el problema de fondo: muchos dirigentes opositores, analistas y sectores políticos entran directo en ese juego. Se indignan, reaccionan, multiplican entrevistas, redes sociales y debates televisivos alrededor de un tema que, aunque relevante institucionalmente, termina funcionando como pantalla frente al verdadero drama argentino.

Porque mientras se habla de bienes declarados, departamentos, sociedades o inconsistencias patrimoniales, en la calle crece otra realidad mucho más urgente: la caída del consumo, el cierre de pymes, el aumento de tarifas, el deterioro del empleo informal, la paralización de obras públicas y el abandono total de sectores vulnerables.

El oficialismo parece haber entendido algo básico de la comunicación política moderna: cuando la economía duele, conviene correr la conversación hacia escándalos administrables, polémicas morales o debates de nicho que mantengan ocupada a la oposición. Si todos discuten patrimonios, nadie discute precios. Si todos analizan declaraciones juradas, nadie habla del supermercado.

Eso no significa minimizar posibles irregularidades ni renunciar al control institucional. La transparencia debe exigirse siempre. Pero convertir cada aparición de funcionarios en el centro absoluto del debate nacional es aceptar una agenda ajena y funcional al poder.

La dirigencia que pretende representar el malestar social no puede perder de vista dónde está hoy la angustia real de la sociedad. No está en los sets de televisión ni en expedientes administrativos. Está en el bolsillo vacío, en la pyme que no vende, en el jubilado que elige qué medicamento comprar y en el trabajador que ya no llega al día 20 del mes.

Atentos: no entren en su juego. Porque cada minuto dedicado a la distracción es un minuto menos para hablar de lo importante. Y lo importante, una vez más, está en la calle.

Más de Análisis