Con Cristina proscripta, se reabre el interrogante sobre el futuro de La Cámpora y sus intendentes
La proscripción política de Cristina Fernández de Kirchner no sólo marca un punto de inflexión para el kirchnerismo, sino que también reconfigura el mapa interno del peronismo. Una de las preguntas que se impone en este nuevo escenario es: ¿qué pasará con los principales alfiles de La Cámpora, especialmente sus intendentes y aliados en la provincia de Buenos Aires?

La organización que lidera Máximo Kirchner cuenta con una estructura territorial propia, con jefes comunales en municipios clave y referentes con fuerte presencia militante. Sin embargo, la ausencia forzada de su principal figura —quien el miércoles deberá presentarse en Comodoro Py (o quizas sea en forma virtual, no esta definido) para que la Justicia defina si le otorga o no la prisión domiciliaria— deja abierto un vacío de conducción que genera incertidumbre sobre el rol que jugarán en adelante estos dirigentes.
La diferencia entre una Cristina detenida en su casa y una Cristina en una cárcel no es menor. En cualquiera de los casos, su figura ya se consolida como un órgano de consulta estratégico para el peronismo, al menos para el kirchnerismo más duro. Pero la dinámica territorial, especialmente en el conurbano bonaerense, exige liderazgos activos y capacidad de gestión concreta. Y ahí es donde los intendentes camporistas enfrentan un dilema.
En un contexto de creciente fragmentación interna, la falta de una conducción nacional clara y la imposibilidad de trasladar mecánicamente los votos de Cristina a otros dirigentes, los intendentes de La Cámpora deben redefinir sus estrategias. ¿Buscarán preservar sus distritos replegándose? ¿Intentarán liderar un armado propio sin Cristina en el centro de la escena? ¿O se verán obligados a negociar con otros sectores del peronismo, como el espacio de Axel Kicillof?
Lo único claro hasta ahora en el peronismo es que los votos no son transferibles por decreto. Y aunque La Cámpora conserva estructura, militancia y visibilidad, su futuro político sin la centralidad de Cristina luce más incierto que nunca.
Con una oposición envalentonada y el fenómeno libertario aún marcando la agenda pública, en esta elección van a haber dos formas de acaparar votos, una posible será buscar el voto «anti-Milei» y la otra es la propia imagen de la oposición: ¿podrá Cristina trasladar su caudal electoral a La Cámpora y sus dirigentes, o su proscripción la dejará fuera de juego también en términos de influencia real?


