El Gobierno muestra superávit y la economía real se hunde: la actividad cae 2,9% en julio
El contraste entre las planillas fiscales y la calle se agranda: desempleo en 7,9%, industria con capacidad ociosa y un riesgo país que obligó al Tesoro a frenar licitaciones.
La Casa Rosada puede exhibir superávit fiscal y récords en la balanza comercial, pero los números de la actividad le arruinan el relato. Según un informe de la Fundación Encuentro, la economía se contrajo 2,9% en julio frente a junio, la peor caída mensual desde el estallido de la pandemia.
El golpe cortó de raíz cuatro meses de recuperación incipiente y dejó la actividad 1,4% por debajo de un año atrás. El freno se sintió sobre todo en los sectores que más empleo generan.
Fábricas a media máquina
La utilización de la capacidad instalada fue de apenas 58,5% en agosto, lo que deja ocioso más del 40% del parque industrial. La Metalmecánica trabaja al 35,9% y la Automotriz al 46,2%, un reflejo del consumo planchado y del poder adquisitivo en baja.
El mercado laboral acompaña: el desempleo llegó al 7,9%, la informalidad al 45,0% y la pobreza alcanzó al 32,3% de la población en el primer semestre.
Precios y dólar: calma con costo
La inflación de septiembre fue de 1,9% mensual y acumula 33,4% interanual, empujada por tarifas de servicios públicos, prepagas y educación. La Canasta Básica Total para una familia de cuatro integrantes subió a $1.632.505.
En el frente financiero, el campo liquidó récord y las empresas privadas emitieron deuda por más de USD 3.300 millones. Aun así, el Banco Central compró solo USD 474 millones en septiembre, el menor monto mensual del año, porque la demanda privada absorbió casi todo el flujo.
El riesgo país llegó a 655 puntos básicos a comienzos de octubre y el Tesoro congeló las licitaciones previstas de bonos en dólares. El dólar oficial se mantuvo en torno a los $1.518, sostenido con tasas altas y una fuerte presencia en el dólar futuro.
Lo que queda en pie
El informe reconoce que, pese al cuadro de la economía real y las tensiones cambiarias, el programa conserva dos anclas que evitan un descalabro mayor.
La lectura política es incómoda para el oficialismo: la estabilidad nominal y el orden fiscal conviven con una actividad que se enfría, más desempleo y una población que no ve la mejora. La discusión sobre cuánto más puede aguantar el consumo, y con qué costo social, empieza a ocupar el centro del debate económico.























