En los pasillos del Gobierno ya se habla abiertamente de posibles nombres para ocupar o reforzar la estructura de inteligencia. Entre ellos aparecen el de Eduardo ‘Lule’ Menem y el de Juan Bautista ‘Corcho’ Anzorreguy, lo que sería interpretado como una señal directa de que el sector político alineado con Karina Milei busca mayor control sobre un área sensible que hasta ahora respondía al esquema de confianza de Caputo.
La eventual pérdida de influencia sobre la SIDE marcaría un golpe significativo para Santiago Caputo, quien desde el inicio del gobierno se consolidó como uno de los funcionarios sin cargo formal con mayor capacidad de decisión, especialmente en comunicación, estrategia política y manejo de crisis.
Sin embargo, dentro del oficialismo también circula otra lectura. Algunos dirigentes sostienen que si Caputo logra mantener el control de la inteligencia no será por fortaleza propia sino por un acuerdo interno para frenar el “fuego amigo” que se desató en las últimas semanas y que expuso tensiones en distintos frentes del gobierno.
Ese pacto de convivencia estaría vinculado a tres episodios que generaron ruido interno: el caso que involucró al vocero presidencial Manuel Adorni, la polémica por decisiones en el área de discapacidad que derivaron en cuestionamientos a la ANDIS, y el conflicto político que tuvo como protagonista al diputado José Luis Espert, donde distintos sectores libertarios se cruzaron públicamente.
Según esta interpretación, la continuidad del esquema actual en la SIDE podría ser parte de un entendimiento para evitar que la interna escale y termine debilitando al Gobierno en un momento de alta fragilidad política y económica.
Lo cierto es que la disputa por la inteligencia expone algo más profundo: la pelea por el control real del poder dentro del oficialismo. Y en ese tablero, el vínculo entre Karina Milei y Santiago Caputo vuelve a quedar en el centro de la escena, en una pulseada que puede redefinir el equilibrio interno del gobierno libertario.