La reunión, impulsada junto a Cristian Ritondo, buscó acercar posiciones de cara a un eventual frente electoral hacia 2027. Sin embargo, puertas adentro, la prioridad de los intendentes fue otra: exigir respuestas concretas frente a una gestión nacional que, aseguran, los deja cada vez más solos.
Reclamos que incomodan
El malestar no es nuevo, pero empieza a tomar volumen político. Los intendentes plantearon la falta de recursos, la paralización de obras clave y el impacto directo de las decisiones nacionales en sus distritos. La queja central apunta a la ausencia de gestión concreta: menos fondos, menos infraestructura y una crisis que golpea de lleno en lo local.
A eso se suma un problema político que agrava el escenario: la convivencia con los libertarios en los territorios. En varios municipios denuncian que concejales alineados con el oficialismo nacional obstaculizan la gestión, bloquean iniciativas y tensionan el funcionamiento institucional.
Santilli, entre la rosca y la gestión
Mientras intenta posicionarse como candidato a gobernador, Santilli enfrenta una contradicción cada vez más evidente: proyecta acuerdos electorales amplios, pero no logra garantizar gobernabilidad en los distritos propios.
El objetivo de avanzar hacia una alianza más amplia —que incluya al PRO, libertarios, radicales y otros espacios— aparece desfasado respecto de la realidad que describen los intendentes. La política de alianzas no logra tapar una demanda urgente: obras, recursos y un canal de diálogo real con la Casa Rosada.
La tensión de fondo
El encuentro dejó en claro que la discusión ya no es solo electoral. Los intendentes empiezan a marcar límites frente a una conducción que, entienden, prioriza el armado político por sobre la gestión cotidiana.
En ese marco, las críticas a Santilli ya no son silenciosas. Empiezan a expresarse con mayor claridad y, sobre todo, con una advertencia implícita: sin respuestas concretas, el armado opositor que se intenta construir podría resquebrajarse desde abajo.
La foto buscó mostrar unidad. Pero el mensaje que quedó flotando fue otro: en el territorio, la paciencia se agota.