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title: "Karina ya no es intocable: la guerra libertaria empezó a apuntarle al corazón del poder”"
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description: "El Gobierno de Javier Milei atraviesa quizás el momento más delicado desde su llegada a la Casa Rosada. Y esta vez no es por la oposición, ni por el peronismo, ni siquiera por los gobernadores. El problema está adentro. Las balas empiezan a pegar cada vez más cerca de Karina Milei, la mujer que construyó junto a su hermano el núcleo de poder más cerrado del oficialismo y que hoy aparece envuelta en una interna feroz con el universo político y digital que responde a Santiago Caputo."
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date_published: "2026-05-24T08:48:00-03:00"
date_modified: "2026-05-22T12:50:16-03:00"
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# Karina ya no es intocable: la guerra libertaria empezó a apuntarle al corazón del poder”

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Durante meses, el llamado “Triángulo de Hierro” funcionó como un esquema blindado. Milei ponía la cara, Karina administraba el poder y Caputo diseñaba la estrategia política y comunicacional. Pero algo se rompió. Y cuando en un gobierno empiezan a filtrarse operaciones, expedientes, audios privados y denuncias cruzadas, ya no se trata de una diferencia táctica: se trata de supervivencia.

La situación de Manuel Adorni se convirtió en el síntoma más visible de esa guerra interna. Las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito y los cuestionamientos sobre su patrimonio dejaron al vocero presidencial en el centro de la tormenta política. Sin embargo, lejos de correrse, Karina Milei salió a sostenerlo públicamente. El problema es que cada respaldo empieza a tener costo político propio.

En paralelo, la diputada Marcela Pagano escaló la confrontación y apuntó directamente contra Karina Milei con denuncias vinculadas a contrataciones en el Estado. Primero fue la acusación por el supuesto contrato irregular de una colaboradora cercana. Después llegó algo todavía más sensible: la denuncia sobre la licitación de casi 700 millones de pesos para el mantenimiento de jardines de la Quinta de Olivos y la Casa Rosada, una contratación que quedó bajo sospecha por presuntas irregularidades y sobre la cual la Justicia ya pidió información oficial.

La gravedad política no pasa solamente por el expediente judicial. Pasa porque el relato anticasta empieza a perforarse desde adentro. El gobierno que llegó prometiendo exterminar privilegios hoy debe explicar denuncias sobre contratos, amigos, licitaciones y operadores propios. Y lo más complejo es que las acusaciones ya no provienen exclusivamente de la oposición: vienen desde sectores que formaron parte del universo libertario.

En ese contexto aparecieron también filtraciones y difusión de audios privados del Presidente y del entorno presidencial, episodios que dentro del oficialismo muchos interpretan como mensajes mafiosos entre facciones internas. Nadie cree seriamente que esas operaciones nazcan afuera del poder. La pregunta ya no es si hay interna. La pregunta es quién está dispuesto a destruir al otro primero.

Las tensiones entre Karina Milei y Santiago Caputo dejaron de ser rumores de pasillo. Hoy atraviesan al gabinete, al armado político, a las redes sociales libertarias y hasta a los medios alineados con el Gobierno. Cada sector busca preservar su cuota de influencia alrededor de un Presidente cada vez más encapsulado y dependiente de su círculo íntimo.

El problema para Karina es que durante mucho tiempo fue presentada como la gran arquitecta del poder libertario. La dueña de la lapicera. La persona que filtraba, ordenaba y decidía. Pero en política, cuando el poder se concentra demasiado, también se concentran las responsabilidades. Y ahora las esquirlas de la crisis empiezan a rozarla directamente.

Por eso la ecuación dentro del Gobierno se volvió peligrosísima: si se corre Santiago Caputo, también se debilita Karina. Porque ambos son parte del mismo sistema de poder que construyó Milei. Uno aportó la ingeniería política y digital; la otra, el control absoluto de la estructura presidencial. Si uno cae, el otro queda expuesto.

Mientras tanto, la gestión parece entrar en segundo plano. La economía ya no alcanza para tapar el ruido político. Y el Gobierno que se vendía como una máquina de orden empieza a parecerse cada vez más a una administración consumida por internas, desconfianzas y operaciones cruzadas.

El problema para Milei es que cuando las guerras de palacio se vuelven públicas, el poder deja de verse fuerte. Empieza a verse desesperado.

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