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title: "Con los pibes no... que no entienden nada."
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description: "La escena parece sacada de una discusión de redes sociales, pero ocurre en el corazón del oficialismo. El cruce entre Lilia Lemoine y el influencer libertario conocido como Gordo Dan expuso algo más que una pelea menor: dejó al descubierto la creciente tensión interna entre dos polos de poder que orbitan alrededor de Javier Milei, representados por Karina Milei y Santiago Caputo."
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date_published: "2026-04-20T08:46:00-03:00"
date_modified: "2026-04-20T08:47:58-03:00"
category_name: "POLÍTICA"
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# Con los pibes no... que no entienden nada.

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Bajo la consigna irónica de “con los pibes no”, la disputa deja ver una lógica que empieza a repetirse: jóvenes cuadros digitales, militantes de redes y figuras del ecosistema libertario que se autoperciben como arquitectos centrales del triunfo electoral, en una narrativa que, como mínimo, roza la simplificación. La épica digital choca con una realidad más compleja: el triunfo de Milei fue, ante todo, una expresión masiva de descontento social que excede largamente cualquier grupo o estrategia de comunicación.

En ese contexto, la discusión entre Lemoine y el “Gordo Dan” no es un hecho aislado ni anecdótico. Es la superficie de una interna más profunda, donde se disputan influencia, cercanía al poder y capacidad de incidencia en la toma de decisiones. De un lado, el esquema más orgánico y cerrado que responde a Karina Milei; del otro, el armado más flexible y estratégico asociado a Caputo. Dos formas de construir poder que hoy empiezan a tensionarse.

Lo llamativo es el tono. Mientras el país atraviesa una crisis económica y social de alta intensidad, parte del oficialismo parece enfrascado en una disputa que se libra en clave de redes sociales, con códigos propios de ese universo: ironías, chicanas, operaciones y construcción de enemigos internos. En ese juego, la política real —la que impacta en la vida cotidiana— queda en un segundo plano.

La ironía del “con los pibes no” funciona, entonces, en doble sentido. Por un lado, como guiño a la defensa corporativa de un grupo que se siente protagonista. Por otro, como señal crítica: la política no puede reducirse a una lógica de tribus digitales que se disputan la narrativa del éxito.

Porque si algo mostró la elección que llevó a Milei a la Casa Rosada es que el voto no fue patrimonio de ningún “equipo” en particular. Fue una decisión de millones de argentinos atravesados por el hartazgo, la crisis y la búsqueda de una alternativa. Creer que ese resultado puede explicarse únicamente desde la militancia en redes es, en el mejor de los casos, ingenuo; en el peor, una forma de subestimar a la propia sociedad.

La interna libertaria, que ahora asoma sin filtros, plantea un interrogante hacia adelante: ¿puede un espacio que llegó al poder con un discurso antisistema evitar reproducir las mismas lógicas de fragmentación y disputa que criticaba?

Por ahora, la respuesta parece escribirse en tiempo real, entre posteos, pases de factura y una certeza incómoda: los “pibes” podrán discutir quién empujó el carro, pero el motor real del cambio estuvo —y sigue estando— mucho más allá de ellos.

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